La Obsesión por el Cuerpo Perfecto

La importancia de la apariencia física en nuestros jóvenes es tal, que la obsesión por estar bien puede llevarles a cometer auténticas locuras. Descubre los nuevos trastornos del siglo XXI.

En los años ’80 y ’90 del siglo pasado tuvo lugar la eclosión de un tipo de enfermedades mentales, de gran prevalencia sobre todo en la mujer, que puso en jaque a la salud occidental. Como resultado de los cambios sociales y culturales, y del nacimiento de un nuevo patrón de belleza impulsado especialmente por los medios, donde la delgadez extrema es la reina, comienzan a diagnosticarse cada vez más casos de trastornos de la conducta alimentaria (la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón), que han llegado a convertirse en casi una epidemia.

Recién estrenado el siglo XXI, empiezan a surgir entre nuestros adolescentes comportamientos de riesgo también relacionados con el culto al físico. La OMS alerta de que el 5 o 6 por ciento de las enfermedades mentales que sufren los adolescentes son trastornos de la conducta alimentaria: se estima que el 25,1% de los jóvenes percibe su imagen con sobrepeso u obesidad, y hasta el 12,2% de las chicas puede estar dos días sin ingerir comida. Estas actitudes pueden resultar altamente perjudiciales para la salud: ortorexia, vigorexia, diabulimia, drunkorexia, manorexia, pregorexia, potomanía… Aunque sus nombres nos suenen a chino, conviene conocerlos para poder prevenirlos.

Como trastornos de la conducta alimentaria (TCA), el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM IV) sólo contempla la anorexia, la bulimia y los trastornos por atracón o binge eating; el resto, por el momento, sólo pueden considerarse conductas nocivas provocadas por una obsesión por un cuerpo perfecto y por una alimentación extremadamente sana que, aunque resulte paradójico, acaban favoreciendo malos hábitos en las comidas e incluso la desnutrición, en muchos casos.

UN PROBLEMA CON ‘EXIA’

Todos estos nuevos fenómenos comparten aspectos clínicos con los TCA y algunas características de comportamiento como la restricción en la cantidad de los alimentos, la obsesión y también la distorsión de la imagen corporal, pero cada uno de ellos posee rasgos característicos muy definidos. Conozcámoslos un poco más a fondo:

  • Ortorexia. Se denomina así a la preocupación excesiva por comer sano, que lleva a evitar aquellos alimentos que no sean exclusivamente naturales. Se considera que una persona padece ortorexia cuando pasa más de tres horas al día pensando en hacer dieta sana; cuando excluye de la alimentación carne, grasas y alimentos tratados con herbicidas y pesticidas; cuando se preocupa excesivamente más de la calidad de los alimentos que del placer de comerlos… Todo esto supone una reducción en la ingesta de alimentos por su calidad, pero que, a la larga, supondrá una restricción también de la cantidad, como sucede con la anorexia.
  • Vigorexia. Es la máxima expresión del culto al cuerpo. El vigoréxico está obsesionado por estar musculado, considera que está demasiado delgado y no duda en dedicar horas y horas a ejercitarse en el gimnasio. Este exceso de ejercicio puede estar escondiendo un desorden emocional y una insatisfacción consigo mismo. Además, puede favorecer otros hábitos poco recomendables como la ingesta elevada de proteínas e hidratos de carbono y la carencia de micronutrientes fundamentales, o el consumo de sustancias perjudiciales, como anabolizantes.
  • Diabulimia. Es un trastorno que se da en personas con diabetes tipo 1, que aprovechan sus circunstancias metabólicas especiales para rebajar su peso. Cuando se padece diabetes tipo 1, el páncreas no puede producir insulina que metabolice los azúcares en sangre, por lo que estos se eliminan a través de la orina provocando una pérdida de peso. Con el tratamiento de insulina inyectada, ésta suple la función del páncreas (que es sintetizar la insulina) y la persona va recuperando ese peso perdido. Pero los individuos con diabulimia (diabetes+bulimia) reducen las dosis recomendadas de insulina para bajar de peso, una práctica que puede llegar a ser mortal.
  • Drunkorexia. La preocupación extremada por estar delgado y la aceptación social del consumo de alcohol han favorecido que haya personas que dejen de comer durante horas, e incluso todo el día con el fin de compensar las calorías ingeridas por tomar alcohol.
  • Manorexia. Este término define los casos de anorexia que se producen en el sexo masculino.
  • Pregorexia. No es más que una conducta típica de anorexia nerviosa en una mujer embarazada, que difícilmente no haya presentado con anterioridad a lo largo de su vida algún rasgo delator de su trastorno alimentario.
  • Potomanía. Los pacientes con esta patología llegan a tomar incluso 6 litros de agua al día, cuando las recomendaciones estándar para mantener un equilibrio hídrico son de aproximadamente 3,5 litros de líquidos en hombres y 2,5 en mujeres. Tanto el exceso como la carencia pueden suponer problemas para el organismo.
  • Tanorexia. Adicción al bronceado, a lograr un tono de piel más oscuro, que puede provocar algo más que quemaduras.
  • Permarexia. Los involucrados en esta práctica pueden reconocerse porque piensan a todas horas en comida, están atentos a las calorías de los alimentos y suben y bajan de peso constantemente. Suelen recurrir a dietas de revistas sin tener en cuenta sus características personales ni someterse a un control médico.

El 97% de las personas que sufre estos trastornos ha realizado o realiza una dieta restrictiva sin someterse a supervisión médica. Los problemas principales derivados de estas conductas están relacionados con hábitos alimenticios inadecuados, que suponen una carencia nutricional por la supresión de algunos alimentos, principalmente los que se consideran más grasos, y de micronutrientes esenciales para el buen funcionamiento del organismo como las vitaminas o los minerales. E incluso, en los casos más severos, pueden derivar en una desnutrición. Las complicaciones más tempranas suelen aparecer a nivel del aparato digestivo, hígado, riñón y piel, y posteriormente se puede ver afectado el aparato locomotor, el corazón y el sistema nervioso central. Además, a nivel social, la limitación de estas personas en su vida diaria es indiscutible, por lo que suelen acabar aislándose. En estas patologías resulta más complicada la recuperación psicológica que la física, por eso, es básico diagnosticar la enfermedad en sus inicios.

SEÑALES DE ALERTA

Los médicos especialistas han establecido una serie de comportamientos comunes en estos pacientes, que pueden hacernos sospechar que sufren alguno de estos trastornos:

  • Realización de dietas restrictivas sin justificación alguna.
  • Preocupación por la alimentación y el peso, sin motivo aparente.
  • Preferencia por comer sin compañía.
  • Interés repentino por conocer recetas y preparar comidas.
  • Utilización de laxantes o diuréticos, o la práctica de ayuno constante para controlar o perder peso.
  • Atraso o ausencia de menstruación.
  • Percepción errónea de su cuerpo.
  • Realización de ejercicio en exceso.
  • Insatisfacción personal constante.
  • Disminución de las relaciones sociales.
  • Mejora o empeoramiento del rendimiento académico o laboral.
  • Cambios frecuentes de humor.

¿CUESTIÓN DE ESTÉTICA?

Aunque estas enfermedades se caracterizan por sus síntomas físicos, debido a que el paciente presenta alteraciones en la forma de comer, bien por exceso bien por defecto, puede tratarse de un trastorno mental cuya problemática es más profunda que la simple obsesión por estar delgado. En estos casos, la pérdida de peso es tan sólo un pretexto, ya que detrás de un trastorno de la alimentación se encuentra siempre una persona que ha perdido la autoestima o que nunca la ha tenido.

El 33% de estos trastornos se da en chicas y chicos de menos de 30 años. La mayoría se gestan en la adolescencia, entre los 15 y los 17 años. Esta época de desarrollo es propicia para su inicio porque se produce una serie de cambios físicos y sociales (cambio de la escuela primaria al colegio secundario, toma de responsabilidades adultas, enfrentarse al otro sexo…) que no saben resolver con soltura, y que les hace sentirse inseguros e insatisfechos. En esa búsqueda de identidad, el aspecto físico es importante, y hay ocasiones en que estos chicos pueden refugiarse en el control de su cuerpo y de su peso (aunque no estén obesos) para estar bien consigo mismos y aceptados por los demás.

No obstante, el perfil está cambiando. Los adultos también se están convirtiendo en una población de riesgo, incluso, el sexo masculino es prevalente en algunas de ellas como, por ejemplo, la vigorexia. La presión social que lleva a una mayor preocupación por nuestra apariencia física parece estar haciendo mella en sectores más amplios de la población, y por ello es importante conocer cómo detectar si un familiar o amigo puede estar sufriendo alguno de estos problemas.

CONEXIONES PELIGROSAS: FALACIAS EN LA WEB

El 17% de las menores con acceso a Internet acceden a cientos de páginas web en las que se promueven la anorexia o la bulimia. Detrás de enlaces con nombres como ‘Ana’ para la anorexia o ‘Mia’ para la bulimia, los adolescentes encuentran trucos para acelerar la pérdida de peso, consejos que no funcionan o que incluso son peligrosos para la salud, como beber vinagre y limón porque son desengrasantes, o echarle la comida al perro para engañar a los padres.

SI SOSPECHAS…

Cuando un padre, familiar, profesor o amigo, sospecha que alguno de estos trastornos puede afectar a su ser querido, debe hablar tranquilamente con esa persona y explicarle lo que ha notado con todo detalle. Es importante transmitirle la preocupación por lo que sucede, así como la predisposición para ayudar.

El siguiente paso es sugerir la búsqueda de un profesional, dando varias opciones (médico de cabecera, psicólogo, asociación de pacientes…) para que responda mejor y no parezca una imposición. Puede que aún así, el paciente no entre en razón y lo niegue; en este caso, incluso se le puede aconsejar que se someta a un examen médico para que la lógica se imponga ante sus ojos. No hay que discutir por el problema de la comida, y se deben respetar sus ideas aunque no se esté de acuerdo, pero tampoco hay que dudar en intercambiar impresiones y ofrecerle tu opinión. Todas estas actuaciones son fundamentales, porque si se agarra a tiempo, el tratamiento puede ser más efectivo.

CLAVES EN PREVENCIÓN

  • Mantener una comunicación fluida con la familia. Esto favorece que la adolescente se sienta comprendida y más segura, porque nota que cuenta con un apoyo importante para resolver sus dudas y conflictos.
  • Llevar una alimentación sana desde la infancia. Es una de las pautas principales para evitar estos trastornos. Tomar 5 frutas/verduras al día, no ayunar, recordar la importancia del desayuno, tomar abundantes cereales y legumbres, y evitar el abuso de dulces y comidas rápidas, son algunas de las medidas.
  • Enseñar valores alternativos a los meramente estéticos y superficiales. Hay que proporcionar a los jóvenes habilidades para hacer frente a la presión social, a la resolución de problemas y para que desarrollen una actitud crítica frente a los mensajes que les llegan.
  • Combatir el perfeccionismo. La perfección no existe y hay que tener claro que errar es normal. Hay que aprender a aceptar las limitaciones que tenemos.
  • Evitar las comparaciones. Cada persona es diferente al resto y hay que verlo como algo positivo.
  • Mejorar la autoestima. La baja autoestima es un factor de riesgo primordial y para evitarla se aconseja a los padres tratar a los hijos con cariño y respeto, escuchar sus sentimientos y valorar el esfuerzo y no sólo el resultado de las acciones.

CON FINAL FELIZ

Actualmente, se sigue investigando cómo mejorar el tratamiento de estos trastornos. Las perspectivas son buenas, ya que hoy en día se cuenta con especialistas en trastornos de la conducta alimentaria, cada vez más expertos, que ayudan a diagnosticarlos con mayor precocidad. No obstante, el mejor tratamiento siempre es la prevención. La reeducación alimentaria es una medida muy importante en este sentido, y para mejorar el tratamiento de este tipo de trastornos. La capacidad como sociedad es básica para evitar determinadas conductas, y la importancia de los médicos en su sospecha y diagnóstico precoz, sobre todo los médicos de cabecera o de familia, que son los que más próximos están al paciente. También las asociaciones de pacientes tienen un papel protagonista en esta labor, no sólo por ayudar a mejorar la calidad de vida de los afectados, sino por mostrar a la población, las instituciones y la industria la importancia de cambiar ciertos valores.

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